William Adolphe Bouguereau

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viernes, 5 de agosto de 2016

LAMENTO MORISCO - MOHAMED CHAKOR

"Viajar a Al-Andalus es viajar a un bosque de lágrimas" (Nizar Kabbani).


Vicente Mostre, expulsión de los moriscos


Pedí, al Tribunal de la Historia
el examen del Manuscrito verde morisco.
Un inquisidor díjome sin ambages
que es documento tabú y secreto

¿quién usurpa mi memoria y mis raíces?
¿quién decide sin apelación mi destino?
¿quién registróme en el obituario
si todavía aletea en el aire
el resuello de mis antepasados?.

En cada gota del mar azul y luminoso
hay una lágrima morisca.
La injusticia es recuerdo hiriente.



Los moriscos también existen.



extraído de: "DIVÁN SUFÍ y otros poemas" Mohamed Chakor - La Chilaba Ediciones.



jueves, 4 de agosto de 2016

LA POESÍA ANDALUSÍ: LOS CANTOS DE AMOR

Jean Frederick Lewis
La poesía era el punto central de toda la vida intelectual de los andaluces. Durante seis siglos, por lo menos, fue cultivada con tal celo y por tan gran multitud de personas que el mero catálogo de los poetas arábigo-hispanos llenaría tomos en folio.

El don de improvisar era frecuentísimo, pues hasta el gañán que iba tras el arado hacía versos sobre cualquier asunto y también los califas y los príncipes más egregios nos han dejado algunas poesías como testimonio de su talento. Cualquier obra, que trata de los reyes grandes de Andalucía recoge también sus dotes poéticas.

La situación de las mujeres en España era más libre que en los otros pueblos mahometanos. En toda la cultura intelectual de su tiempo tomaban parte las mujeres y no es pequeño el número de aquellas que alcanzaron fama por sus trabajos científicos o disputando a los hombres la palma de la poesía. Tan alta civilización fue causa de que se les tributase en España una estimación que jamás el oriente musulmán les había tributado.
Alexandre Cabanel, 1880
Mientras que allí, con raras excepciones, el amor se funda sólo en la sensualidad, aquí arranca de una más profunda inclinación de las almas y ennoblece las relaciones entre ambos sexos. A menudo el ingenio y el saber de una dama tenían poderoso atractivo para sus adoradores, como sus prendas y hechizos corporales, y una inclinación común a la poesía o a la música solía formar el lazo que ligaba dos corazones entre sí. Como testimonio de lo dicho, los cantos de amor de los árabes andalusíes manifiestan, en parte, una pasmosa profundidad de sentimientos. En los movimientos y voces del alma de estos cantares se halla una mezcla de blandos arrobos y de violentas pasiones.
Paolo Michetti
Si examinamos ahora algunos cantos de amor de diversos autores, veremos la variedad de tonos que hay en ellos. Una idea que se repite a menudo en la poesía de aquella época es la de que dos amantes se ven mutuamente en sueños durante la ausencia, y así hallan algún consuelo en su aflicción.




Ibn Jafaja (1058-1138) canta:


"Envuelta en el denso velo


de la tenebrosa noche,


vino en sueños a buscarme


la gacela de los bosques.


Vi el rubor que en sus mejillas


celeste púrpura pone,


besé sus negros cabellos,


que por la espalda descoge,


y el vino aromoso y puro


de nuestros dulces amores,


como en limpio, intacto cáliz,


bebí en sus labios entonces.


En perlas vertió el rocío,


que de las sedientas flores


el lindo seno entreabierto


ansiosamente recoge;


Rosas y jazmines daban


en pago ricos olores.


Mas para ti y para mí,


¡oh gacela de los montes!,


¿qué más rocío que el llanto


que de nuestros ojos corre?..
Auguste Renoir
El poeta Ibn Darray (958-1030) expresa el mismo pensamiento más sencillamente:


"Si en los jardines que habita


me impiden ver a mi dueño,


en los jardines del sueño


nos daremos una cita".
Henri Matisse
Muchas de las poesías eróticas de los andalusíes son más bien la expresión inmediata del sentimiento, un ingenioso juego de palabras y una multitud de imágenes acumuladas por la fantasía y el entendimiento reflexivo. A esta clase pertenecen las composiciones que voy a citar.



Del poeta Ibn Baqi (m. 1145):


"Cuando el manto de la noche


se extiende sobre la tierra,


del más oloroso vino


brindo una copa a mi bella.


Como talabarte cae


sobre mí su cabellera,


y como el guerrero toma


la limpia espada en la diestra,


enlazo yo su garganta,


que a la del cisne asemeja.


Pero al ver que ya reclina,


fatigada, la cabeza,


suavemente separo


el brazo con que me estrecha,


y pongo sobre mi pecho


su sien, para que allí duerma.


¡Ay! El corazón dichoso


me late con mucha fuerza.


¡Cuán intranquila almohada!


No podrá dormir en ella".
José Cruz Herrera
De Umayya Ibn Abu-as-Salt (m. 1064), A una bella escanciadora:


"Más que el vino que escancia,


vierte rica fragancia


la bella escanciadora,


y más que el vino brilla en su tersa mejilla


el carmín de la aurora.


Pica, es dulce y agrada


más que el vino su beso


y el vino y su mirada


hacen perder el seso".



[http://www.islamyal-andalus.es - Las imágenes son de Google]


miércoles, 3 de agosto de 2016

UNA HISTORIA DE AMOR - ABDERRAMÁN III (عبد الرحمن بن محمد) A AZAHARA

"MEDINAT AL-ZAHARA, es un regalo para ti"



Abderramán III a Azahara, sosiego amoroso, auténtica dueña y señora de su vida. Compañera con la cual podía otorgarse a sí mismo el privilegio del descanso, de la ternura reposada, de la conversación sencilla, o del dormir abrazado a su talle sin más.


"Sólo a ti te cuento esto- le dijo el rey-, que las maravillas de esta construcción, ciudad y palacio a un tiempo, serán narradas por quienes la contemplen como la más grandiosa hermosura que jamás los ojos humanos hayan gozado, y que su fama se extenderá por el mundo y por la historia. Ha de juntar el poder, la gloria y la majestad de mi destino y de mi familia; ha de ser más espléndida, más bella que la propia Bagdad, más fastuosa que la fastuosa Alejandría, ni el palacio de Salomón será comparable a ella y glorificará a Alá a través de mi excelencia.

Hizo una pausa. Azahara seguía mirándolo devotamente enamorada y sonriendo, abandonada de sí misma, pues toda su vida se la había ya regalado a él. Abderramán III apretó el mentón y sus ojos parecían desafiar el horizonte del atardecer sobre las copas más altas de los árboles del jardín a través del ventanal. Sólo relajó su mandíbula para desvelarle el nombre que había decidido otorgar a su ciudad palatina".

- Se llamará Medinat al-Zahra, y todos sabrán que es por ti.


La esclava Azahara padecía, ya manifiestamente, una enfermedad incurable que la mantenía la mayor parte del día postrada y con los ojos cerrados y ello le causaba al califa una tristeza irremediable e imposible de soportar.





"Tengo prisa, mi amada Azahara, por ver florecidos los almendros y que regocijen tu vista sus infinitas flores blancas en la primavera, para traerte la imagen de tus días de infancia en Elvira, en aquella fortaleza de Al-hambra al pie de la sierra que viste de blanco en invierno y de verde en verano, querida mía, según tus propias palabras…"

Pero Azahara murió la última noche de aquel año 940, mientras quería entrar el amanecer del nuevo año 941, despacio y sin que sufriera su espíritu y así fue encontrada en su lecho, dormida ya para siempre.
Su muerte ensombreció profundamente el ánimo del califa y todo su miedo a perderla tomó vida en el gesto endurecido de su rostro cuando fue enterado de la noticia.

Abderramán III se empeñó en que fuera acabada la construcción de la Mezquita de la ciudad palatina antes del final de aquel mes de Enero de 941, y se entregó a tan descabellado fin en cuerpo y alma, visitando las obras a diario, seguramente para no pensar en otra cosa.

Y es cierto que causaba admiración al contemplarla, estaba exquisitamente acabada en todas sus partes y tenía cinco naves de admirable hechura. El patio de abluciones lucía un suelo de mármol de color rojo del vino muy bello, y en el centro se abría una fuente de aguas purísimas para uso de la Mezquita; tenía a demás una torre cuadrada para llamar a la oración que medía cuarenta cubitos de altura. En su interior los detalles eran de prodigiosa hermosura; habíanse labrado como adorno sobre los arcos inscripciones en oro del sagrado Corán y en el lugar más destacado de la nave principal se hizo colocar un púlpito bellísimo de complicada y magnífica ornamentación, el mismo día que se contempló la Mezquita y para celebrar la primera oración pública de la historia de la fastuosa ciudad imperial de Medinat al-Zahra, esto es , el viernes día 23 de Enero de aquel 941, que fue dirigida por el califa Abderramán, príncipe de los creyentes y hombre más poderoso del mundo conocido, que en aquel momento sentía enorme pesar sobre sus hombros y nada podía contener el llanto íntimo de su alma, aunque su voz hiciese temblar la tierra.

La noticia de la suntuosa edificación Medinat al-Zahra como ciudad sin par ya había traspasado las fronteras las fronteras de al-Andalus en boca de los mercaderes y caminantes que contaban las maravillas vistas para su levantamiento, y los poetas cortesanos y estudiosos de poesía, glosaron ya desde los primeros meses de las obras las excelencias, los recursos y el tiempo empleados para sus detalles. El califa de Córdoba no quería prohibir la entrada a nadie, y había ordenado que cualquier viajero o visitante fuera tratado con esplendidez, sólo a cambio de que luego contara con su boca las maravillas contempladas en esa nueva ciudad, símbolo del poder Omeya.



“Abderramán III, El gran califa de al-Andalus”- Magdalena Lasala. Fragmento del libro.


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