William Adolphe Bouguereau

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lunes, 2 de mayo de 2016

LA SEXUALIDAD EN AL-ANDALUS

Leon Francois Comerre 
Aquella mezcla de apetito carnal sin freno y la identificación de la mujer con el mal pudieran tener su origen en las diosas al-Lât, al-cUzzâ y Manât, que figuraban en el culto religioso de la Arabia preislámica, vinculadas, por tanto, con la idolatría y las prácticas contrarias a la posterior predicación coránica. 
Curiosamente, estas diosas fueron en un primer momento aceptadas por Mahoma para no romper totalmente con los qurayš de La Meca, cuyo apoyo buscaba, llegando a ser citadas en las primeras versiones del Corán, si bien pronto rectificó, atribuyendo aquella primera idea suya a una sugestión diabólica. De aquí que a los versículos en que se citan se les llame “versículos satánicos”.
En las actuales ediciones del Corán han desaparecido, llegando a negarse su existencia por la gran mayoría de teólogos musulmanes. Sin embargo, Ṭabarî en un extenso comentario al Corán, de 30 volúmenes, habla de ellos y los sitúa en la azora LIII (La estrella), detrás de la aleya 20 .
En el Islam, la mujer aparece varias veces relacionada con el mal.Bujârî  recoge una frase del Profeta que dice:
 “me puse a las puertas del Infierno. La masa que entraba en él era de mujeres”.
En tanto otro ḥadît hace referencia a que uno de los signos precursores de la Hora Suprema es que la cantidad de hombres disminuirá y la de las mujeres aumentará. Por su parte, el califa cUmar dijo:
“busca en Dios refugio de los males que las mujeres originan y guárdate de las más piadosas entre ellas” 
Y aún más: el Profeta después de su viaje nocturno dijo haber visto el infierno lleno de mujeres. Tanto llegó a extenderse a lo largo del tiempo la idea de que la mujer era causa de males, que en Egipto se les acusó en el s. XI de una crecida del Nilo, en el XIX de la invasión napoleónica y en el XX de las derrotas frente a Israel. En casi todos los casos, se asociaba con muertes multitudinarias.
Otro elemento a tener en cuenta es que en la teología islámica el diablo es el ser más ligado con la sexualidad, y de modo especial con la mujer, cuando la utiliza para hacerla seductora e inducir al hombre a que se desvíe del amor legal. Por ello, al-Gazâlî recomienda abstenerse del coito tres noches al mes: la primera, la del medio y la última, porque son aquellas en las que el diablo interviene en los contactos sexuales. Esta es la razón por la que cuando se instituya el Islam se recomiende rezar antes y durante la unión para eliminar la presencia del diablo, ya que podría introducirse en la criatura que se engendra y poseerla para siempre, como se revela en un supuesto interrogatorio que el Profeta hace al diablo, mencionado en algunos textos de ḥadît .
Francesco Paolo Michetti (İtalian, 1851-1929) – Odalisque
Por otra parte, la mujer era muy apetecida en una sociedad masculina de cuya inclinación a la sexualidad se hablaba secularmente y fue la justificación de la poligamia, teniendo en cuenta que, según distintos relatos, el deseo sexual del musulmán es tan grande que necesita varias mujeres para satisfacerlo, ya que una sola no le basta y le obligaría a buscar amores ilícitos con otra.
El propio Mahoma poseía una gran virilidad, tantas veces referida por biógrafos y tradicionistas, llegando a instituir que cuando un hombre que tuviera varias esposas salía de viaje, debía elegir una para acompañarlo. Así lo hizo él siempre. Velando siempre por la licitud de las relaciones, Muslim cuenta que el Profeta aconsejaba que si un hombre veía por la calle a una mujer y se sen- tía atraído por ella, fuera a su casa para calmarse con una de sus esposas legales, como él mismo había hecho en una ocasión, al tiempo que identificaba a la mujer que le había atraído con un šayṭân.
Con tales antecedentes, a medida que el Islam se fue desarrollando, junto a las mujeres legítimas, los musulmanes que pudieran permitírselo gozaban de concubinas, que solían ser más apetecidas que las esposas legales por ser más libres de costumbres y, por tanto, con mayor práctica y más recursos amatorios, además de que, en la mayoría de los casos, eran más cultivadas que las esposas lícitas, dado que tenían como objeto distraer a sus señores, para lo cual apren- dían poesía y música. Las pertenecientes a casas elevadas o a las cortes eran muy bellas ya que se las elegía públicamente y, por supuesto, para hacer la elección se las veía sin velos. Las concubinas reales podían convertirse en esposas legítimas si concebían un hijo del soberano, tomando el apelativo deumm walad.
Theodore Ralli
Ibn Ḥazm nos cuenta que los omeyas cordobeses preferían a las mujeres rubias, pero la variedad era mucha. Sin pretender establecer un canon de belleza femenino, por lo que la poesía, los tratados de erotología y otros relatos nos dicen, la mujer mayoritariamente preferida era la que tuviera el cabello negro o castaño y abundante, piel blanca y limpia, frente amplia, cejas negras, ojos grandes y negros con la córnea transparente como el cristal, mejillas de óvalo perfecto, nariz fina, boca roja, aliento agradable, dentadura bonita, cuello largo y esbelto, nuca fuerte, hombros desarrollados, torso ancho, senos redondos y no muy grandes, cintura fina, caderas bien desarrolladas, vientre abombado, nalgas gruesas, muslos y pantorrillas firmes, brazos redondeados, manos y pies pequeños y buena estatura. Un elemento tan oculto a la vista como la voz también se tenía en cuenta y se apreciaba como un don más de la belleza.
De la belleza varonil se habla menos. Parece que se prefería el hombre ancho de hombros y de pecho y con la espalda fornida.
Desde el primer momento, y a lo largo del tiempo, aumentar la capacidad sexual se convertirá en un objetivo muy buscado en el que van a participar la medicina y la dietética de modo preferente. Los textos médicos, los recetarios de cocina y la literatura erótica ofrecerán una larga serie de alimentos, preparados o sustancias con este fin. 
Leon Francois Comerre
En la relación aparecen en lugar destacado cebollas, garbanzos, huevos, leche, miel, diversos órganos de animales muy lujuriosos, pene de toro pulverizado, testículos, sesos, alholva, pistacho, piñón, nuez, almendra, canela, azafrán, granada, etc. En la mayoría de los casos se tomaban como alimentos, es decir por vía oral, pero también podían mezclarse entre ellos, con el añadido de alguna otra sustancia, y fabricar un ungüento que se aplicaba sobre el órgano sexual masculino o femenino.
FUENTE:

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