William Adolphe Bouguereau

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martes, 23 de julio de 2013

MUJERES ANDALUZAS - LA PRINCESA ZAIDA - (LA MORA ZAIDA)


LA PRINCESA ZAIDA

Dicen las crónicas que la princesa musulmana Zaida, hija del rey de Sevilla, no fue barragana en la corte del rey Alfonso VI sino mujer velada, es decir, casada por la iglesia. Su historia parece de leyenda o de cuento oriental, no sólo porque fuera extraordinariamente amada por el rey-emperador de Castilla y León (*), sino porque fue una mujer exquisita, culta, educada, inteligente y bellísima. Tuvo con el rey el único hijo varón de éste, Sancho III el Deseado, que heredaría el trono, quitándole la sucesión a sus hermanas mayores.

Zaida murió antes de que, en la desgraciada batalla de Uclés, desapareciera su jovencísimo y querido hijo.
Para que se admitiera la relación entre el rey cristiano y la princesa árabe, que estaban fuera de la norma porque ella lleva la condición de infiel, se utiliza la excusa del hijo varón, futuro heredero al trono, La crónica justifica este episodio, recalcando la esterilidad de casi todas las mujeres del rey y aunque habla de descendencia ilegítima, este momento de trasgresión se disimulará tras un velo religioso, dejando bien claro que sólo fue mujer del rey castellano tras su conversión.

Dicen que ella es mujer libre y no nacida de linaje vil o en vil hogar, además es de procedencia noble y única y, sobre todo, es quien ha asegurado la descendencia real por no tener varones las esposas legales. Todo esto podría admitirse, pero lo que no está bien visto es que los papeles se cambien y que la favorita sea, verdaderamente, objeto de la pasión amorosa del monarca, cuando a ella sólo se le permite cumplir con su función reproductora.

Ésta es la historia de la Zaida, hija del rey poeta de Sevilla al-Mu’tamid y de la exquisita poetisa del al-Andalus, Rumaykiyya. Nacida alrededor del año 1070. Su madre la educó, como una princesa amada, en la belleza y en la poesía, en el canto, en la danza y en la filosofía. Relacionada con la clase alta de la sociedad andalusí, con las m u j e res más cultas y educadas de la corte. Zaida se parecía a su madre por su ingenio y belleza y a su padre por su alegría. Conoció cómo sus pro g e n i t o res vivían un amor de leyenda que expresaban en repetidos y hermosos poemas.

A los doce años, Zayda sabe que estaba prometida con el rey castellano, aunque él está casado con una princesa cristiana procedente del sur de Francia, doña Inés de Aquitania: son políticas matrimoniales. En las familias dirigentes, los matrimonios se consideran un instrumento imprescindible para establecer alianzas porque así pueden superar grandes conflictos políticos y conseguir aspiraciones territoriales; en consecuencia, las mujeres son valiosas para los pactos de estado, se convierten en «bienes preciosos» de gran relieve e importancia dentro de las alianzas matrimoniales. La princesa Zayda entra de lleno en esta política cuando su padre, el rey de Sevilla, proclamado unos años antes señor de Córdoba, necesita firmar acuerdos con el poderoso rey Alfonso VI de Castilla y León. En esta fase de la reconquista es tal el poder del rey cristiano que nadie es capaz de reinar sin su consentimiento. Parece que la propuesta de prometer a la inteligente princesa fue echa por el rey árabe, porque el castellano dejó varias veces la boda para más adelante. Zayda fue enviada por su padre, al encuentro con el rey, como prometida en matrimonio acompañada por una cuantiosa dote en la que entraban grandes y poderosas plazas como Cuenca, Alarcos, Ocaña y otras.




Era tan grande la dote matrimonial, que este hecho ha quedado en la fábula. Lo que no se sabe es si la princesa iba a cumplir la promesa de matrimonio o a pedir ayuda para su padre al poderoso monarca cristiano, que establecía alianzas con algunos reyes moros, pagando estos grandes impuestos por su protección en contra de los almorávides. Tarde llegó la ayuda del cristiano, porque el rey musulmán quedó prácticamente exiliado en su alcázar de Sevilla, resistiendo cuanto pudo el asedio del ejército de los africanos.

En Toledo se encuentran la inteligente princesa y el rey castellano. Su mujer, la joven reina Inés había muerto, no era extraño este suceso porque en la Edad Media un número considerable de mujeres moría muy jóvenes a consecuencia de los partos, pero ya tenía una nueva esposa. Zayda convivió con ella en la corte y, entrando en amores con el rey, al poco tiempo tuvieron el hijo.

Cuando llega la hora del nombramiento de este hijo como heredero, han transcurrido veinte años desde aquella lejana promesa de matrimonio y entonces sí que se celebra la boda entre la princesa Zayda y el rey Alfonso puesto que hay que legalizar la sucesión del pequeño Sancho, aunque realmente la heredad le correspondiera a su hermana Urraca hija de un matrimonio anterior.

A partir de la boda, Zayda se convierte en la reina Helisabeth porque Isabel es el nombre que, años atrás, ha escogido en su bautizo cuando se ha convertido oficialmente al catolicismo. El rey exalta sus capacidades y la llama regina divina amantísimadilectísima.

Dura poco la felicidad del matrimonio porque Zayda muere muy joven, alrededor del año 1100, a consecuencia de un sobreparto, siguiendo la misma suerte que el resto de las mujeres de Alfonso VI. Zayda- Helisabeth será enterrada en Sahún y dos siglos más tarde sus restos se trasladarán a San Isidoro de León.


(*) Nota de editor nos indica que no se puede hablar de ... "Alfonso X como Rey deCastilla y León, no existe ni existió nunca el reino de Castilla y León . Exisitió el  Reino de León, el Reino de Castilla y la Corona de Castilla que en época de Alfonso X aglutinaba los reinos de Castilla, León, Galicia, Toledo, Navarra y señoríos recientemente conquistados como Al-Andalus: Córdoba, Murcia, Jaén, Sevilla,Granada, Gibraltar, Algeciras y Molina de Aragón. Los reinos conservaron suderecho." ..." Hablen de Corona de Castilla pero no de Reino de Castilla y León que eso no existe. Existe desde 1978 Una comunidad autónoma con ese nombre, pero hasta entonces esa unión como tal no existió." 

lunes, 15 de julio de 2013

GASTRONOMÍA DE HERENCIA ANDALUSÍ

Es indudable la herencia que la gastronomía española posee de la influencia andalusí, que introdujeron un cambio revolucionario a las tradiciones de la época. Diferentes referencias literarias de escritores como Ibn Razin al-Tuyibi, médicos como al-Gafiqi, lingüistas como al-Zubaydi o botánicos como Abu-l-Hay, entre otros, recogen el testigo de las distintas formas de cocinar y las costumbres asociadas a su consumo.


Fruto de esa aportación, se presenta en la era contemporánea infinidad de recetas que tienen aromas y recuerdos de esa gastronomía que se introdujo en el territorio nacional hace 1.300 años, con la llegada del Islam. Por eso, diferentes estudiosos consideran que para poder explicar la evolución de la cocina en nuestro país, se necesita obligatoriamente un estudio de las aportaciones andalusíes a las artes culinarias.


La entrada del Islam en la Península Ibérica, supuso la ruptura de una trilogía básica propia de la manutención cristiana de la época, centrada en el trigo, la carne y el vino. Las influencias de Oriente posibilitaron el cambio hacia nuevos hábitos alimenticios ante la incorporación de las verduras como elemento imprescindible para su consumo en solitario o como acompañamiento a sopas, carnes o pescados. La instauración de sistemas de regadío por todo el territorio, permitió el consumo durante todo el año de verduras y hortalizas frescas. Se empieza a introducir de este modo el consumo de ensaladas, a base de lechuga, jaramagos, berros y otras plantas silvestres comestibles aderezadas con el aceite de oliva de cosecha propia.


Especial importancia adquirieron las legumbres como la soja, garbanzos, lentejas y las judías (cuyo nombre original es al-lubiya), considerados como alimentos altamente nutritivos. El consumo de tomillo, orégano o comino ayudaban a contrarrestar las incómodas flatulencias que producen. El flujo comercial con otras zonas del mediterráneo, permitían el consumo constante de frutas que posteriormente formaron parte de las cosechas andalusíes: sandía; melón; albaricoque; membrillo y granada, entre otras frutas, convertida esta última en el símbolo de referencia de Al-Andalus.


El uso y consumo de especias en la cocina andalusí permitió la introducción de la canela, procedente de China, así como el azafran, el comino, el jengibre, la nuez moscada, el anis, el sésamo, la alcaravea o el cilantro. Una vez sirvieron de recolecta propia, fueron exportados al resto de Europa y Norte de Africa, favoreciendo así el desarrollo económico. Otro de los reconocimientos a la aportación andalusí se debe a la introducción de la caña de azúcar en todo el territorio europeo, como excelente sustituto de la miel en algunos platos y usos cotidianos. Excelente conservador para frutas frescas, su combinación produjo todo tipo de jaleas, mermeladas o siropes.


El Sherbet, sorbete, es otra de las herencias andalusíes que siguen siendo utilizados hasta nuestros días para refrescar el calor propio del verano, a base de esencia de flores y frutos con agua fría o hielo. Sorprende encontrarse, especialmente en el reino de Granada la costumbre de excavar pozos de diez metros de profundidad en el que introducir la nieve de Sierra Nevada (Sulayr), para que les durase hasta mediados de año. A mayor profundidad del pozo, mayor posibilidad de conservación del hielo.


La realidad poco diversa de la alimentación preandalusí mostraba un reconstituyente simple acorde a una tierra escasa en recursos, un hecho que no solo se presentaba en territorio nacional, sino en el resto de Europa donde el cultivo de frutas y hortalizas era prácticamente inexistente. El impulso del desarrollo agrícola, promovieron una variación confortable en la alimentación. Es así, como los cereales adquieren una base fundamental en la alimentación andalusí, cocinados comopan, sémolas, sopas o gachas. A las ya existentes en la zona, se introdujo otras variantes como el trigo negro, trigo rojo y el tunecino. Una característica interesante de la época, y dado que las casas no poseían horno propio para la cocción de pan, consistía en que cada casa marcara un sello específico en cada hogaza, lo que servía de distintivo.


A pesar de las creencias populares, la cocina andalusí introdujo, gracias a la harina de trigo, pasta para elaborar platos tan actuales como los fideos, fidaws, que eran cocinados con carne de cordero o leche y miel para la sobremesa. También los macarrones, atriyya o aletria como se denomina en la actualidad en Murcia, también fueron producción de la época.


De la influencia de otras culturas, los platos eran preparados de forma diversa, tanto en asado, guiso o frito. Mientras que la tradición bereber guisaba la carne con hinojo, berenjena, acelgas o espinacas, la tradición oriental las aderezaba con almendras, ciruelas, pistachos o dátiles. La al-bunduqa, albóndigas, provenían de Bagdad conservándose hasta la actualidad como un plato típicamente español.


De igual forma, el pescado tenía una base crucial en la gastronomía andalusí preparándose frito en aceite de oliva, relleno con una masa elaborada con migas de pan especiadas, en escabeche, iskabay, o guisado. Los dietólogos andalusíes como Ibn Razi, Ibn al-Baytar, y al-Arbuli, dejaron constancia de la valoración dada a los frutos secos y a los productos lácteos. Prueba de ello son las recetas desarrolladas para la elaboración de mantequilla (aderezada con sal para su mejor conservación), queso, cuajada (agregando cuajo de cabra, como explicaba Ibn Razi)


La llegada del kurdo “Ziryab”, procedente de Bagdad, introdujo un nuevo cambio en el protocolo de la mesa andalusí. En el siglo IX, se estableció el orden de los platos tal y como los conocemos hoy en día: primero sopas y caldos; entremeses; pescados y carnes; y finalmente los postres. De igual forma, fue el responsable del uso de la cuchara y de las copas en la mesa.


Y como toda buena gastronomía, el fin de comida culmina con una repostería de la que sin duda alguna conservamos infinidad de platos, elaborados con almendras, pistachos, piñones, agua de azahar y de rosas, miel, hojaldres (de origen judío), sésamo o aceite de almendras dulces, presentados tanto en fritura como en horneado.

FUENTE:

domingo, 14 de julio de 2013

VIGENCIA DEL PENSAMIENTO DE BLAS INFANTE.....El padre de Andalucía


blas infante
Muchas veces escuchamos a ciertas personas decir que lo ocurrido en el pasado no hay que recordarlo, que hay que mirar hacia el futuro sin volver la vista atrás. Esa idea pienso que es como la del conductor que dice que para evitar accidentes solo hay que mirar hacia adelante, sin importarnos lo que viene por detrás.

 Ahora que se cumple los 75 años del asesinato de Blas Infante pensamos que es un buen motivo para mirar por el retrovisor de la historia, creemos que es necesario conocer  que ocurrió hace un siglo, máxime ahora que estamos volviendo a ideologías que parecía ya superadas, con sistemas económicos que hacen un siglo demostraron sus limitaciones, incapaces de atender las necesidades de la mayoría de la población, que  contribuyeron en la primera mitad del pasado siglo  a la extensión de graves conflictos, están volviendo a  reaparecer.
 La época en la que vivió Blas Infante y la nuestra parecen muy diferentes, los grandes cambios tecnológicos nos hacen parecer que hemos llegado a la cima de nuestro desarrollo, vivimos de forma muy distinta a las de nuestros abuelos, ¿Pero realmente los problemas a los que nos enfrentamos son tan distintos a los que se enfrentaron nuestros abuelos? Hace cien año existía paro, igual que hoy, hace cien año existían problemas ecológicos,  una gran separación entre la política y la sociedad, y  un profundo desinterés por la formación. Es cierto que el analfabetismo era inmenso, pero hoy este alfabetismo ha sido sustituido por el inmenso fracaso escolar. ¿Podemos decir entonces que hay grandes diferencia entre una época y otra? Quizás deberíamos analizar como intentaron resolver estos problemas en aquella época  y aprender de lo que se hizo bien y lo que se hizo mal.
 Es cierto que Andalucía y Algeciras eran muy distintos.  Su principal sector productivo era la agricultura, y no el sector servicio, o la construcción, pero la gestión de aquella era tan nefasta como la gestión que se ha realizado en los últimos años. Blas Infante clamaba contra la especulación de la tierra, y nos indicaba la necesidad de crear una potente clase media de campesinos, hoy estamos clamando contra la especulación, la urbanística que ha destruido nuestra costa,  ha dificultado el acceso a la vivienda, y  ahora está provocando que muchas personas pierdan sus casas. También la especulación financiera, que no es más que un trasvase de renta de las clases medias y bajas a las clases más altas.
Hace cien años muchos  jóvenes tenían que emigrar, salir de su tierra para poder trabajar, Argelia y América eran sus destinos, hoy es Europa. Antes como ahora eran una parte activa de la sociedad. A los jóvenes de su época Blas Infante le pedía que luchara, y hoy vemos como esos jóvenes luchan, salen a las calles a pedir un nuevo sistema económico.
Nuestro sistema se basa en las ganancias rápidas y especulativas, alejadas de la producción directa. Son los mercados los que indican el camino, y los políticos les siguen generalmente por sus propios intereses, como vemos por la correlación entre políticos y grandes empresas. Cuántos ex presidentes y altos cargos de distintos gobiernos  trabajan para grandes corporaciones a la que en su momento favorecieron, ¿No es lo mismo que hacia los diputados y senadores de la primera restauración?, contra ellos Blas Infante creía en la concurrencia de valores individuales, pues la riqueza de un pueblo no depende de la especulación ni de aquellos que desde los merados quieren estrangular a las sociedades sino del trabajo colectivo de sus ciudadanos, y es en estos en los que hay que pensar y no en aquello, Son a los ciudadanos  de una sociedad a los que hay que ganarse la confianza y no la de los especuladores que solo piensan en su rápida ganancia.
 Blas Infante por todo ello defendía la necesidad de una mayor redistribución de la riqueza, pues a la larga esta es la que genera confianza entre los ciudadanos y permite la mejora de la sociedad y el crecimiento económico.
 Blas Infante centraba el principal factor productivo no en  el capital, sino en el trabajo, en el esfuerzo de los ciudadanos para mejorar su situación personal y así mejorar la situación de la sociedad. Pero eso solo se podría lograr mediante la formación y la educación de los ciudadanos. En estos momentos en los que vemos como por mor de ganarse el respeto de los mercados, los dirigentes políticos. Se dedican a recortar gastos en educación,  despiden maestros,  utilizan la escuela como caja de resonancia ideológica. Blas Infante nos da también la repuesta, más educación, mejor formación y mejores maestros para tener una sociedad libre, critica y dirigida hacia el bien de la mayoría y no adoctrinada.
 Blas Infante fue un gran ecologista, hoy cuando vivimos en una bahía, en lo que hemos perdido nuestros mejores recursos naturales, nos tenemos que volver hacia su ideas, “su plegaria de los pájaros”, “sus mandamientos de Dios a favor de los animales” y sus fabulas son verdaderos cantos a la preservación del medio, al respeto a los animales y al medio ambiente.
 El pensamiento de Blas Infante, nos da propuestas distintas  a las que los actuales políticos nos quieren presentar como única, políticos faltos de imaginación, atados por podres económicos fuetes, mucha veces en cohabitación con los mismos, que son incapaces de mirar por el retrovisor y ver  pensadores que se enfrentaron a problemas semejantes a los actuales y dieron soluciones, que ellos por su tozudez y su falta de responsabilidad son incapaces de entender.
José luis Blanco Cuenca.
Fuente:
http://www.paralelo36andalucia.com

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