William Adolphe Bouguereau

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jueves, 4 de julio de 2013

LA MÚSICA EN TIEMPOS DE LOS MORISCOS - LA EXPULSIÓN DE UNA MINORÍA




“La expulsión de los moriscos fue una limpieza étnica”.
Asegura el catedrático de Estudios Hispánicos de Londres, Trevor J. Dadson

La cuarta jornada del curso de verano de la Universidad de Almería “La música en tiempos de los moriscos. Las expulsiones de una minoría” y el VIII Festival de música renacentista y barroca que se desarrolla en Vélez Blanco ha comenzado esta mañana con el catedrático de Estudios Hispánicos, Queen Mary, Universidad de Londres. Trevor J. Dadson, que ha participado esta mañana en el taller de historia, donde ha impartido la conferencia “Los moriscos que no salieron y los que volvieron”. Sus estudios y aportaciones son reconocidos internacionalmente. El es uno de los expertos que mantiene que “querían arrasar totalmente un pueblo y su cultura, no queda duda de que fue una decisión de limpieza étnica”.

Conocedor de multitud de fondos históricos, en sus investigaciones ha averiguado que los edictos de expulsión “contemplaban desde el principio que unos cuantos se pudiesen quedar. Los niños hasta cierta edad podían quedarse, las moriscas casadas y sus hijos con cristianos viejos podían quedarse, los moriscos que eran curas o monjas, no tenían que probar que eran moriscos de verdad. Con el paso de tiempo se fue ampliando por presiones de los grupos de poder los grupos que podían permanecer”.

En algunas zonas “el 40% de los moriscos del lugar quedan excluídos de la expulsión, como el valle de Ricote en Murcia, entre enfermos, impedidos, curas y monjes, mujeres y niños”.
Como algunos logran permanecer en sus pueblos sin ser expulsados, entonces es “más fácil para ellos volver porque en el pueblo casi cualquier morisco tiene un familiar, así saben que pueden volver a pueblos que ya tienen contingentes de moriscos, como ocurrió en el Campo de Calatrava donde volvieron tres veces”.

En su intervención ha subrayado que los moriscos de las zonas de Castilla la nueva, Extremadura y parte norte de Andalucía, cuando salen los bandos de expulsión “pensaron que nos le iba a afectar, porque se veían como españoles, llevaban siglos viviendo allí. Cayó como una bomba cuando tuvieron que salir. Empezaron a hacer solicitudes para quedarse”.

Trevor J. Dadson ha tenido acceso a solicitudes que aún se conservan, y en las que aparecen datos curiosos con narraciones muy personales, como por ejemplo, el de una morisca que dice “no tengo hijos ni estoy en edad de tener. Dejaba claro que no iba a tener descendencia. Los moriscos eran conscientes de los móviles de la expulsión”.

Al leer estas historias, “sentí una enorme tristeza, porque saben que se trata de una limpieza étnica”. Es más, este catedrático ha estudiado bandos de expulsión del Duque de Lerma en los que llega a decir que “las tierras de España tienen que quedar completamente limpias para que no quede memoria de ellos”.
Una de las estrategias que buscaron para no tener que salir fue casarse con cristianos viejos. “Iban de pueblo en pueblo. En Villarubia se constata como subió el número de matrimonios en la época de la expulsión. Reunían a todas las moriscas para casarlas con cristianos viejos. El cura está casando continuamente, vienen en grupos familiares, y el número de matrimonios sube, pero no sube el número de bautismos, tarda bastante en recuperarse, con lo cual se desconoce si se casaron de verdad o no”, es decir, si se quedaron en uniones matrimoniales de conveniencia.

En Vélez Rubio “los moriscos eran el 40% del pueblo, si son expulsados ese pueblo muere, se extingue porque era casi la mitad del pueblo”. Los artífices de la primera expulsión “reconocieron después que habían vuelto todos. Los primeros volvieron andando de Francia, durante la noche, por caminos secundarios, y para finales de año, ya habían vuelto la mayor parte, en algunos municipios como Villa Rubia”.

Entre ellos se ayudaban. “Los escondían en las sierras y les llevaban comida. Los metían en sus casas. Cuando compraban los bienes que les obligaban a vender se los devolvían después”.
Sobre las razones de la expulsión, coincide con otros expertos en que no hay “nada exacto de cúando, dónde, cómo y por qué. En los papeles hasta ahora no ha salido. Es algo inexplicable muy difícil de entender. La secuencia de expulsión duró entre cinco o seis años. Los que vuelven se mezclan con los que salen, se hizo un lío tremendo”.

Por último, recordó el caso de un soldado de origen morisco que ayudaba a sus compatriotas a retornar. Uno de los moriscos que había sido expulsado afirmaba “nuestra querida patria”.




“La expulsión de los moriscos trajo consecuencias negativas económicas y demográficas”.

Ha señalado la catedrática en Historia Moderna, María Victoria López-Cordón
La monarquía hispánica en tiempos de Felipe III: el problema morisco
La expulsión afectó económicamente “porque era una mano de obra importante, en Valencia era el 25% de la población. Demográficamente, años más tarde se reflexiona sobre los resultados negativos que había conllevado esta acción. Eran un país con problemas demográficos y se expulsó a un núcleo importante. Además desde el punto de vista económico tuvo resultados muy negativos, sobre todo porque algunos moriscos eran prestamistas que habían establecido acuerdos con la nobleza”.
Algunas zonas incluso “tuvieron que ser repobladas, como pasó en Valencia donde se tuvo que bajar a gente del norte sobre todo para que fuese repoblada”.

Experta en la monarquía de Felipe III, este monarca fue el autor de la última expulsión de los moriscos, en el año 1609. “Puso en marcha el aparato político de la expulsión. Era un debate que llevaba gestándose muchos años. Sólo se conocen un conjunto de motivos de por qué se toma esa decisión en ese momento”.
Por un lado, por razones de política exterior, “por los países con los que estaban en guerra, y por otro, por motivos internos, de carácter procesional o de propaganda. Ninguno por si mismo es una explicación, pero el conjunto puede dar una idea de por qué ocurrió eso en ese momento”.

Otro factor decisivo fueron los problemas de convivencia. Había problemas sobre todo en las comunidades de los pueblos. En la corte no había problemas porque no había moriscos. También había moriscos que se llevaban perfectamente con sus vecinos. Se había intentado de alguna manera convertir a los moriscos y ese proceso había fracasado. Era una minoría no asimilada por la población de aquel momento. Un disidente religioso era un peligro en cualquier sitio en aquella época”.La justificación fue que “era una minoría no asimilada que se mantenía en el Islam, además de constituir un peligro exterior porque al no ser una minoría fiable políticamente, estaban en relación con el Imperio Turco, con la regencia del norte de África, entre otras zonas, por lo que se alegan problemas de seguridad. No sólo que no son cristianos, sino porque pueden estar en tratos con el enemigo”.
En España se barajan cifras de que en aquella época había alrededor de 350.000 moriscos, sobre una población que rondaba los siete millones de habitantes.
“Salen entorno a 300.000, y una parte se queda como protegidos, asimilados, protegidos, también por situaciones dispares como por estar casados y tener hijos con cristianas”.
Esta historiadora ha subrayado que la expulsión “fue organizada”. A pesar de “ser una medida atroz, y de los escasos recursos de la época. Las comunidades establecían como debían salir, se les transportaba a unos lugares de embarque, y se hizo rápido para un estado del momento que contaba con unos medios muy limitados. Se les obligó a que vendieran sus bienes”.

Los expulsados se dirigieron sobre todo al norte de África, al sur de Italia, y también a Francia.


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