William Adolphe Bouguereau

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domingo, 17 de febrero de 2013

LOS CUIDADOS ESTÉTICOS EN LA MUJER ANDALUSÍ




Mujer Andalusí


Era costumbre de aquellas mujeres presentarse en las reuniones maquilladas, adornadas y perfumadas. Las peluqueras no escatimaban ningún esfuerzo en embellecer a sus clientes, peinándolas con los mejores moños. Para sacar partido a su belleza, las mujeres se aplicaban exquisitos perfumes (al-`itr), fragancias (asnan), agua de rosas (maal-ward) y agua de azahar (mazhar). Se depilaban las cejas y las piernas y se pintaban tatuajes con una serie de utensilios como al-minsas, al-mintaj y al-minqas.

La estética rural optaba más bien por los productos como el khol, para embellecer los ojos, la henna, para las manos y los pies.

El Miswak (al- siwak) limpiaba y blanqueaba la dentadura. Para pintar sus labios, las mujeres empleaban las cáscaras del almendro, y sobre todo la planta de al-zu`ayfira, que daba un hermoso color parecido al del azafrán diluido. Las más atrevidas se pintaban con un tipo de carmín de labios de color rojo muy fuerte. Cabría señalar que la estética figuraba como especialidad médica, cuyos logros reflejan el grado de interés que los andalusíes prestaron a la belleza.





La mujer musulmana libre llevaba el pelo largo pero hay constancia de que se cortaba dos mechones de cabello y los rizaba para enmarcar el rostro, formando dos aladares. En las miniaturas de la Historia de los amores de Bayad y Riyad, las mujeres que aparecen llevan este peinado y las referencias al mismo son numerosas en la poesía.



Referente a los cuidados del cuerpo, las andalusíes se teñían con alheña las manos tal y como se sigue haciendo hoy en muchos países islámicos. En cuanto al vello corporal había una receta para controlar el exceso del mismo especialmente en dos zonas: las axilas y el pubis. Estas partes tenían que ser frotadas con un ungüento compuesto de raiz de pimienta, albayalde, alumbre, agua de beleño y vinagre. No se trataba de un depilatorio sino de un inhibidor del crecimiento del vello que debía ser aplicado en la pubertad aunque también existían auténticos depilatorios. Un tratamiento para eliminar el vello consistía en untarse cal viva, huevos de hormigas, aceite de cocer ranas o salamanquesas o, en su defecto, hiel de conejo y, por último, lavarse la zona a depilar con jebe, bórax y asfa.


Todo se puede negar
salvo el olor de la mujer amada,
todo se puede disimular

salvo los pasos de
la mujer que se mueve dentro de nosotros,

todo se puede discutir


salvo tu feminidad.



    En lo que refiere a las partes íntimas femeninas se conservan recetas destinadas a preparar a la mujer para el coito y para hacerlo más placentero, especial atención se pone en humectar y estrechar la vagina o rejuvenecer las vulvas deterioradas a consecuencia de los partos.


[Texto extraído del libro de Ahmed Tahiri, "La mujer, la estética y la vida afectiva". Las clases populares en al-Andalus. Málaga, ed. Sarriá, 2003]

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