William Adolphe Bouguereau

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sábado, 3 de agosto de 2013

ANDALUCES EN LA CURVA DEL NÍGER - "LOS ARMA" - LA DESCONOCIDA HISTORIA DE LOS ANDALUCES NEGROS

"Hoy tres mil manuscritos de una familia exiliada de Toledo, la Familia Kati están en peligro de destrucción en Tombuctú. De "Los Arma".


Libro de Hadith. Fechado en 1419
El sueño era crear un nuevo Al-Andalus a orillas del Níger. Varios libros y exposiciones han puesto de actualidad la huella de los moriscos andalusíes en la mágica, mítica y misteriosa Tombuctú. 
Por eso, en marzo de 1591, lo que quedaba de un ejército de 4.000 arcabuceros andalusíes, 1.500 lanceros magrebíes, 500 renegados europeos, 1.000 camelleros, 10 cañones y 8.000 dromedarios, cuya lengua franca era el castellano y su jefe un morisco almeriense, conquistó la legendaria Tombuctú, entonces capital del imperio Songhay. Se inició así un largo período de influencia andalusí del que aún llega la sombra a nuestros días. Los “arma” de hoy son descendientes de aquellos primeros portadores de armas de fuego en la remota Bilad al-Sudan, o Tierra de los Negros.

Carlos Hernandez
La diáspora andaluza, que tuvo su origen tras la conquista de Al-Andalus, ha escrito una de sus páginas más emotivas y legendarias al otro lado del gran desierto del Sáhara, en la Curva del Níger, donde hace cuatro siglos un ejército andalusí capitaneado por el almeriense Yuder Pachá, conquistó un imperio con la intención de construir un nuevo hogar, como consecuencia de la pérdida del viejo solar andaluz. Un capítulo de nuestra historia, desconocida por la gran mayoría de los andaluces, que ha sido silenciado o distorsionado a propósito por diversos investigadores, temerosos de que pudiera proporcionar datos reveladores sobre la destrucción de una cultura que hizo brillar al medievo andaluz.





Ya han transcurrido cuatro años desde que una expedición científica, organizada por las universidades de Granada y Sevilla, atravesó la inmensa planicie pedregosa del Tanezrouft y los temibles arenales de la Markuba, en el Sahel, para encontrarse con los descendientes de aquellos conquistadores andaluces, que aún sobreviven a las continuas turbulencias políticas y climáticas que azotan a la Curva del Níger. Lo que encontraron a orillas del Níger los investigadores andaluces fue muy distinto de lo que contemplaron los andalusíes a finales del siglo XVI. A Yuder Pacha y su ejército el mítico ó Níger, padre fecundador del África occidental, le evocó el Guadalquivir, que por entonces bañaba una tierra fértil que hizo abrigar esperanzas a nuestros andaluces de construir una nueva Andalucía. 

Pero cuatro siglos después de aquella hazaña insólita, aquella región africana, perteneciente al actual Estado de Malí, se encuentra sometida a un proceso incesante de desertificación que amenaza a los habitantes de la Curva y la propia comunidad andaluza. Proceso que se ve acentuado por la política de disgregación étnica que ejerce el gobierno de Bamako, encaminada a destruir las señas de identidad de los andaluces, comunidad de 50.000 personas. 

A pesar de todo, diversos intelectuales de esta comunidad consiguen mantener la conciencia sobre sus orígenes, algunos elementos que los identifica como colectivo y recuerdan con orgullo la gesta heroica que protagonizaron sus antepasados. Hagna Doumbou Touré -primer jefe de esta comunidad de origen andaluz, que murió recientemente como consecuencia de las difíciles condiciones de vida que afligen a los habitantes del Sahel -dijo a los científico andaluces que el ejército capitaneado por Yuder disponía del apoyo logístico del sultán de Marruecos, Al-Mansur, y en sus filas contaba con un cuerpo de fusileros procedente del Al-Andalus, que disponía de cuatro cañones manejados también por andalusíes y un segundo cuerpo de lanceros marroquíes. 




Explicó Hagna que el grupo expedicionario, integrado por 4.000 hombres, tardó cuatro meses en cruzar el desierto del Sáhara, en cuya travesía -la primera que realizaba un ejército en la historia del gran desierto- quedó sensiblemente diezmado. En Tondibi, a los pies de las montañas Negras, tuvo lugar la gran batalla que permitió a los andalusíes la conquista del imperio regido por la dinastía de los Askia, hoy, una aldea de escasas chozas duramente castigada por la sequía. Fue en esta población donde sonaron por vez primera en África occidental las detonaciones de la artillería andaluza que provocaron el pánico en el poderoso ejército del emperador. Sólo así se explica la vertiginosa caída del impero Songhai, pues los africanos desconocían hasta entonces lo que eran las armas de fuego. Desde ese momento los aborígenes de la Curva denominan a los descendientes de los conquistadores con el apelativo de “armas”, en memoria de la decisiva batalla de Tondibi, que cambió bruscamente el curso de su historia.

Hagna Dojmbou explicó a los científicos de las universidades andaluzas, que cuatro siglos después sigue las huellas de los conquistadores a través del desierto, mediante Land Rovers, que la dominación de los andalusíes se prolongó hasta 1833, en que fueron derrotados en Diré por la etnia de los peul, que aprendió precisamente de ellos el arte de hacer la guerra con armas de fuego. El que fuera primer jefe de la comunidad y uno de los principales intelectuales de la Curva afirmó que el declive andalusí estuvo en parte motivado por las luchas intestinas que se producían continuamente entre las distintas facciones del ejército de Yuder, las procedentes de Al-Andalus y la originaria de Marruecos, conflicto que respondía a los proyectos enfrentado del capitán almeriense y Al-Mansur. El gran estratega andalusí deseaba crear una nueva Andalucía para los moriscos expulsados del reino de Granada, mientras que el sultán pretendía someter el Sudán a su soberanía.



No obstante, los armas o al menos parte importante de ellos- han logrado permanecer dentro del grupo de hombres notables de ese país africano, superando los distintos cambios políticos acaecidos en la región, desde que llegaron hasta nuestros días. ejemplos como el de Hagna Doumbou Touré, uno de los intelectuales mejor documentados de la Curva, recordado como una auténtica biblioteca viviente, o el de su sobrino, Zacaría Touré, hasta hace poco alcalde de la ciudad de Gao, son suficientemente ilustrativos. Ambos se consideraban descendientes directos de Yuder Pachá y son capaces de remontarse hasta la octava generación en su árbol genealógico, pero seguramente lo sean de los hijos que adoptara el líder andalusí para asegurar la consecución de la dinastía, ya que Yuder era eunuco.

Pero existen en la Curva del Níger otros “armas” vinculados a la élite social de Malí. Son los casos del director del Instituto Ahmed Babá de Tombuctú, Mohamed Zoubert, descendiente del poeta sevillano Ibn Al-Zubayr, o el alcalde de esta misma ciudad, Ben Barka, que lo es de un miembro perteneciente a la fracción marroquí del ejército de Yuder. Esta situación privilegiada obedece, sin duda, al papel destacado que protagonizó la comunidad andaluza de los “armas” para lograr la descolonización del país por parte de los franceses y en la construcción del nuevo estado de Malí, surgido tras la independencia que obtuvo en 1960.

Son los “armas” que permanecen en la clase privilegiada de Malí quienes poseen hoy una memoria sólida sobre sus orígenes y evolución. En algunos casos, lucen todavía los distintivos que utilizaron sus antepasados en el ejército de Yuder, que se los van pasando de unas generaciones a otras, y conservan la toquilla que llevaran sus ancestros, de distinto color, según la categoría militar que hubiesen tenido: roja para los comandantes, negra para la tropa y amarilla o verde para grados intermedios. No ocurre lo mismo con los miembros de esta comunidad pertenecientes a clases sociales inferiores, que apenas si recuerdan su procedencia. Aunque la mayoría suele vestir impecables túnicas blancas que contrastan fuertemente con los llamativos “bubús” utilizados por las distintas etnias que habitan la Curva.
Una de las costumbres sociales que mejor han conservado los “armas” es el rito nupcial, idéntico al que se observa todavía en algunos pueblos andaluces. La boda que celebran entre ellos se caracteriza en que la novia -acompañada de familiares y amigos- se dirige a la grupa de un caballo hacia la casa del novio.
Formando parte de la ceremonia, los parientes de los novios protagonizan un juego simbólico en el que se intentan introducir los respectivos estandartes familiares en la casa del contrario. Según la tradición, el estandarte portado por el séquito del novio es de color rojo, mientras que el de la novia toma como distintivo el color blanco.
Sin embargo, el futuro de los “armas” es inquietante. Su comunidad puede extinguiese en los próximos años, y con ella, un testimonio muy valioso sobre uno de los periodos más impresionantes de la historia de Andalucía. Los “armas”, al igual que la otras comunidades de la Curva, se ven sometidos a la política de disgregación étnica que promueve el gobierno de Bamako, controlado por la etnia Bambara. Antes de la independencia, los franceses también intentaron socavar sus señas de identidad, saquearon sus casas y robaron los escudos, los cañones, las pistolas, las banderas, que ahora se encuentran repartida por los museos de París, Centro Europa, Este de Europa o Estados Unidos. Pero si los franceses no lo consiguieron del todo, ahora las autoridades malienses parecen decididas a culminar el proceso. Incluso los científicos andaluces que en 1984 fueron a su encuentro tuvieron dificultades en localidades como Bourem, donde es la propia gendarmería de policía la que prohíbe terminantemente hacer cualquier tipo de investigación en tomo a esta comunidad andaluza.
El Gobierno de Malí está propiciando la mezcla de las numerosas etnias que coexisten en la Curva, tanto de la mayoritarias Songhai, Bambara, Peul, y Dogón- como de los grupos étnicos menores -Malinké, Dioula, Sarakoli, Bobo, Mossi, Senoufo, Minianka, Toucouleur,Tuaregs y por supuesto, la comunidad de los “armas”. Quizá con propósito de eliminar las posibles rivalidades que puedan persistir y potenciar el sentimiento nacional en una población tan heterogénea, pero esta versión se contradice con el hecho de que los bambara acaparan la mayoría de los cargos públicos de la Administración en detrimento de las restantes etnias o grupos.





Hagna Doumbou Touré señalaba en su conversación con los investigadores de la universidad andaluza que “la ley prohibe hacer particularismos” y añadía que sus hijos no tendrían más remedio que elegir esposa entre las mujeres de la etnia songhai.
En la actualidad, todos los “armas” se han mezclado con miembros de esta etnia u otras, lo que ha provocado la pigmentación de su piel y la consiguiente pérdida de hábitos propios. Las mujeres “armas”, por ejemplo, se han visto asimiladas en casi todas las facetas de su vida a las costumbre de la mujer songhai. Es la encargada de moler el mijo -grano que sirve de alimento básico a la población- y se les encomienda la función específica de procrear, muy importante en un país donde el índice de mortalidad infantil es elevado. Se desconoce -por la intimidad de la costumbre- si realizan, al igual que otras etnias, la ablación clitoridiana y la infibulación, pero viven tal y como lo hacen las mujeres songhai, en las chozas ubicadas en los grades patios que caracterizan a las casas de la Curva. A pesar de todo la mujer “arma” de Tombuctú continúa aplicando a sus hijos el corte de pelo propio de la comunidad, que denominan “diokoti”; un rapado que se caracteriza por la fijación de cinco puntos en el cráneo. Eta costumbre ha desaparecido, en cambio, entre las mujeres “armas” de la ciudad de Gao, segunda ciudad en importancia, después de Tombuctú, en la que se asienta la comunidad andaluza.
También los “armas” hacen denodados esfuerzos por conservar algunas expresiones de origen y palabras como “alcaide”, “alfalfa”, “alpargata” , “albornoz”, “garrafa”, “ámbar’, “alfombra”, todas ellas precedentes del castellano que hablaban sus antepasados cuando llegaron a la Curva, idioma éste que a su vez las tomó del árabe. Algunas de estas palabras han sido asimiladas por la lengua songhai, con las lógicas distorsiones. Y son los miembros más ancianos de la comunidad quienes todavía saben contar hasta diez en castellano. Las nuevas generaciones sólo conocen el francés. No obstante, en el prestigioso Centro Cultural Ahmed Babá de Tumbuctú se recopilan numerosos documentos escritos en árabe y castellano antiguo en los que se recoge el origen y la evolución de los “armas”. 
Fuente:

Para más datos:

Exploradores españoles olvidados de África, de José Prieto. SGE. Madrid
Yuder Pachá y la conquista del Sudán. Yamaá Hispánica de Al-Andalus.
La conquista de Tombuctú, de Antonio Llaguno. Ed. Almuzara
Los otros españoles, de Ismael Diadié y Manuel Pimentel.

Muy interesante también este artículo:

http://www.webislam.com/articulos/26383-los_manuscritos_andalusies_de_la_familia_kati_en_tombuctu_mali.html

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