William Adolphe Bouguereau

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miércoles, 8 de enero de 2014

IBN BEITHAR - UN CIENTÍFICO ANDALUSÍ VIAJERO

Escribió varias obras de medicina, pero sobre todo se destacan sus descriptivos y avanzados tratados de botánica


Diya al-Din Abu Muhamad Abd Allah ibn Ahmad al-Malaqí (el malagueño) y al-Nabatí (el botánico); comúnmente conocido como Ibn al-Baitar (el hijo d
Diya al-Din Abu Muhamad Abd Allah ibn Ahmad al-Malaqí (el malagueño) y al-Nabatí (el botánico); comúnmente conocido como Ibn al-Baitar.
En sus casi mil 500 años de existencia, el Islam enriqueció al conocimiento universal con muchas figuras de relieve en las ciencias y artes, y uno de esos benefactores de la civilización humana fue el sabio Abdallah ibn Ahmed.
Conocido como Ibn Beithar, nació en Málaga, dominio del emirato árabe de Granada, en la España de Al Andalus, alrededor del año 1170.
Ya entonces esa ciudad se enorgullecía de poseer palacios majestuosos como la emblemática Alcazaba, elegantes mezquitas y madrasas donde se enseñaban las ciencias.
En esa joya urbanística estudió y se convirtió en profundo conocedor del Corán, lo cual le impulsó a tomar el camino de su vocación, la medicina, y como era aventajado aprendiz que asimilaba conocimientos con rapidez pronto inició su carrera.
Estudió además astronomía, botánica, los minerales y los paisajes, leyó muchos libros de diferentes materias para comprender los engranajes de la Historia y el carácter de los pueblos.

Se dedicó a escribir sobre sus investigaciones botánicas, y estableció una clasificación filosófica de las plantas, analizando las virtudes de cada una de ellas.
Terminados sus trabajos en Málaga partió a recorrer Al Andalus coleccionando ejemplares de la flora, anotando su utilidad y la mejor forma de aplicarlos para la cura de diferentes enfermedades.
En la península ibérica se producían en aquel entonces continuas guerras pero estas no pudieron impedir las expediciones del científico.
Resulta notable que en pasajes de sus obras, incluso poemas, se perciba el eco de problemas sociales y contiendas bélicas.
Era celoso de la libertad individual y participó en conflictos y acciones entre los soldados de los reinos cristianos y los caballeros defensores del Islam.
Hasta sirvió de médico en tropas que salían de operaciones, lo cual facilitó su práctica en curar heridas.
Consolidada su carrera en España, decidió recorrer el mundo árabe y cruzó el estrecho de Gibraltar para compartir su experiencia con médicos de Fez, Oujda, Tánger y Tetuán en Marruecos.
Recorrió los Montes Atlas, colectó especies vegetales y luego siguió al este y llegó con cartas de recomendación a Orán, ciudad que tenía estrechos vínculos con los mercaderes de Málaga y donde recibió facilidades para ejercer su profesión.
Ibn Beithar vio crecer su fama como médico, la que iba precedida por el incremento de las especies clasificadas en su farmacopea, la cual era aceptada por tribus y élites gobernantes que confiaban en aquellos remedios que parecían infalibles.
Los viajes continuaron, visitó Argel, Túnez y Trípoli donde intercambió experiencias y realizó sorprendentes curaciones.
Arribó a Egipto, una plaza que estaba a la vanguardia de la ciencia médica islámica, considerada la mejor del mundo entonces conocido.
Recorrió Alejandría y El Cairo, donde dejó su impronta en la Universidad de Al-Azhar, y fue reputado como sabio y eminente galeno.
Los académicos egipcios le tuvieron como el protomédico de su tiempo.
Rumbo al Creciente Fértil, pasó por Jerusalén, sagrada para los seguidores del Profeta, y se dirigió al sur y en barco cruzó el Mar Rojo para realizar la obligada peregrinación de un creyente musulmán a La Meca.
En estas travesías terrestres y marítimas no dejó de entrevistarse con nómadas, aldeanos y habitantes de las grandes ciudades para obtener información sobre plantas con propiedades curativas.
Esta aureola de excelencia médica y fama de acucioso y arriesgado investigador hicieron que el Califa Malek Al Khamil le invitara a su magnífica capital, le colmara de honores y lo nombrara Visir y Director de los Jardines de Damasco.
Ibn Beithar escribió varias obras de medicina, pero sobre todo se destacan los tratados de botánica, con hermosas y didácticas ilustraciones y una detallada explicación de las propiedades de cada planta como remedio.
Diferenció cada una, las clasificó como febrífugos, analgésicos, estimulantes, calmantes, cicatrizantes, digestivos y otras categorías, lo cual facilitó el uso por sus colegas de la época y los de los siglos siguientes.
Llegó a ser un especialista inigualable en cítricos, principalmente en limones, confirmando sus múltiples virtudes alimenticias, curativas y preventivas y su utilidad contra los efectos del aire contaminado en los hospitales por las enfermedades infecciosas agudas y las escorbúticas.
Al respecto escribió el Tratado de los Limones, que tres siglos y medio después fue traducido al latín por el científico español Andrés Alpago para su impresión en Venecia en 1588. El texto fue reimpreso en París en 1602 y en Cremona en 1752.
Quedó así demostrada la vigencia y calidad de su labor.
En las ciudades donde los médicos europeos estaban más actualizados se consideraba el trabajo de Ibn Beithar una obra maestra y de gran utilidad práctica, algo reconocido hasta por el célebre y elitista doctor italiano Valcarenghi.
Ibn Beithar escribió además la Gran Colección de medicinas y alimentos simples, el más insigne trabajo botánico de la Edad Media, puesto que su autor herborizó incansablemente en Al Andalus, África del Norte, Egipto, Arabia, Siria y Palestina, entre otros países.
Además en su libro tuvo en cuenta informaciones anteriores, reelaboradas y confirmadas por él, y también dio a conocer más de 200 especies nuevas, presentando asimismo la sinonimia de las plantas en diversas lenguas, entre ellas el castellano.
El erudito hispano Marcelino Menéndez Pelayo (1856 - 1912) le llamó "el Dioscórides español del siglo XIII".
Ibn Beithar en su obra Almofridat rectificó pasajes de Galeno, Dioscórides y Oribasio.

Ibn al-Baitar, Benalmádena (Málaga)

También incursionó en la veterinaria y prestó observaciones zoológicas nuevas sobre diversas especies como las panteras, becerros y peces.
De estos trabajos redactó un capítulo en el Almofridat cuyo manuscrito aún se conserva.
Ese compendio del saber fue traducido al alemán e inglés y publicado en Leipzig con el título "Elenchus materiae medicae Ibn Beitharis" en 1834 y en Sttutgart en 1842.
La obra era considerada de referencia y obligada consulta para los especialistas de la materia, a pesar de haber transcurrido 600 años de su muerte, acaecida en Damasco el año 1248.
Abdallah ibn Ahmed Ibn Beithar constituye hoy una figura legendaria de la Historia de la medicina.
Ese coloso del saber y la investigación fue ejemplo del espíritu de trabajo, avidez de conocimientos, curiosidad y superación constantes.
Vivió orgulloso de la obra creadora de su pueblo, al que consagró todos sus esfuerzos, hasta ser capaz de ejercer su profesión con los instrumentos de doctor e investigador en una mano y la espada en la otra.
Rafael de la Morena es especialista del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (INSTEC-CITMA) de Cuba.

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